domingo, 18 de febrero de 2007

LA CASA INGLESA DEL CASTAÑAR (I)


Fachada


1.-La Casa Inglesa del Castañar

A las cinco en punto, como si anunciase ya mi futura vida bajo el alias de dgt, comienzo cada tarde mis sesiones antistress en el balneario de Baños de Montemayor, en la orilla cacereña fronteriza con Salamanca. Tres horas más tarde, mientras el sol se va despidiendo, cruzo el puerto de Béjar mientras escucho el Honeycomb de Frank Black y tarareo su versión de esa canción de Doug Sam que se llama Sunday Sunny Mill Valley Groove Day. La felicidad no debe ser algo demasiado ajeno a este momento.


En el balneario dedico media hora a las aguas y una hora a la presión: diez minutos de chorro hidroterápico y veinte de tanque o de baño Niágara; y después veinte minutos de presoterapia y cuarenta de masaje. Entre unas cosas y otras, reposo e inhalaciones húmedas. Con los restos del bálsamo que Angelines expande por mi espalda y mis piernas empapo la camiseta y conduzco escuchando a Frank Black. Con las últimas notas de My life is a storage, la canción número once del Honeycomb, llego hasta la gran verja negra de la Casa Inglesa del Castañar.


La Casa Inglesa del Castañar cuenta con una amplia biblioteca en inglés y en castellano. La noche que llegué estuve hojeando un libro sobre el torneo de Wimbledom, y ayer leí un horroroso relato de Stendhal titulado El filtro. Esta tarde he cogido tres libros: Economía y humor, de John Kenneth Galbraith, Benito Cereno, de Melville, y Signo y viento de la hora, impresionante título de don José María Pemán.


Los libros de Stendhal, Melville y Pemán son de aquella entrañable colección de RTV denominada Biblioteca Básica Salvat. Las sobrecubiertas están ilustradas con media fotografía y medio apunte a tinta china de algún templo griego. Ah, la cultura. El dormitorio de mi primera noche en la Casa Inglesa del Castañar contaba con varios ejemplares de Cosmopolitan, un libro BBS de Cortázar y abundante obra de Fernando Vizcaíno Casas. En el descansillo del segundo piso, donde está mi nueva habitación, que dispone de balcón, media bañera y mesita para este ordenador, reposan en silencio Los cachorros de Vargas Llosa.


Anna es la dueña y responsable de esta casa rural en régimen de alojamiento compartido. Una señora estupenda, una coqueta londinense fifty something, en una casa mágica. Tres perros que no molestan, un piano de cola, libros por todas partes, baúles, grabados, espejos, pan integral con nueces y música clásica por la mañana. Cincuenta especies de árboles en su jardín semisalvaje, un mirador que ofrece el pueblo de Béjar y la sierra de Francia. La casa tiene cuatro habitaciones dobles. No hay cerraduras, no hay llaves, la escalera cruje, los canes callan.

No hay comentarios: