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martes, 7 de octubre de 2008

De sastres y desastres

Nunca me gustaron los entrenadores de diseño. Siempre he creído que el mejor entrenador es el que menos interviene, el que menos estropea el equipo al que ha llegado. De ahí mi curtida admiración por Bartlebys futbolísticos como Del Bosque. El fútbol es tan díscolo y estúpido como la economía de mercado, y los clubes están hasta el cuello de organigramas basura, hipotecados de por vida de dirigentes subprime. Ustedes me entienden. Mijatovic es un broker prehistórico, un patán que se abrillantaba con la gomina del centollo y que solventa sus errores con la eficaz estrategia de los chivatos. Begiristain nació en los altos hornos sólo para morir en los bajos fondos, pero su Armani no disimula ese encefalograma plano que se derrama por su nariz. Dicho todo esto, que tal vez hoy no era necesario, acudo a este estimulante foro para señalar un error de apreciación en mi análisis del trabajo y el mérito de los grandes entrenadores. Cegado por el dañino reflejo de los diseñadores de equipos, hasta esta noche no reparé en la fabulosa labor de los sastres del fútbol. Guardiola, que parece venido al mundo en la pasarela de la elegancia y la educación, es sólo un concienzudo y obstinado sastre remendón. Eso sí: su modelo de cabecera es la bellísima fantasía. Seis a uno. El azar, claro. Y el arte de coser los botones. Montoto y otros saben que lamento de corazón el desastre del Atleti. Tal vez los aplausos que le dedico a Pep no permiten escuchar los ayes que me atraviesan.

jueves, 22 de mayo de 2008

La final

El dolor de John Terry. El llanto cristiano de Cristiano (tan parecido al culo llorón de Maribel Verdú en Belle Epoque). La grandeza de la flota inglesa. La certeza en el pronóstico de mi mujer. Dios. Cómo me gusta el puto fútbol.

miércoles, 7 de mayo de 2008

Rijkaard


Uno de los grandes (y uno de los nuestros)

Escribo horas antes del partido. Doy mi opinión, por tanto, al margen del resultado que se produzca. Tras la lógica decepción por la eliminación en la Champions (tercera en esta temporada, si sólo hablamos de títulos, enésima del último bienio, si incluimos apagones personales, técnicos y de gestión), era casi automático pensar que una de las posibles soluciones a la sequía pasaba por la sustitución de Rijkaard. Han pasado apenas unos días, y no ha ocurrido nada digno de mención: la goleada al Valencia tuvo un efecto casi contraproducente: ¿Ahora metéis seis goles? ¡Con solo uno en los cuatro últimos partidos hubiese bastado! Sin embargo, debería haber servido este tiempo para reflexionar sobre la excelente gestión y las incomparables sensaciones que ha ofrecido el periodo de Rijkaard: buen juego, estilo definido, partidos inolvidables, una Champiosn, dos Ligas, una Supercopa… y, sobre todo, una actitud de la que cualquier buen aficionado al fútbol podía sentirse orgulloso y afortunado. Rijkaard no ha cometido un mal borrón en todo un lustro. No ha levantado la voz, apenas si ha sufrido media docena de ataques de tecnicitis (devoción por Oleguer, mano blanda con Ronnie, retorno al esquema Cruyff…) y casi todos ellos han tenido más que ver con asuntos que venían muy-muy podridos desde abajo, desde arriba o incluso desde fuera (ese temible entorno de Can Barça). El legado del técnico holandés es intachable. Exitoso. En el fondo, en las formas y en los resultados. Rescindir ahora su contrato es otra de las innumerables decisiones absurdas e injustas del fútbol. Es la manera más vil y barata de quitarse de encima la presión por parte de Laporta (aunque de hecho es quien parece menos dispuesto a ejecutar a Frank, y aquí señalo que no comparto un buen porcentaje de otras críticas que se le hacen a un presidente que ha mejorado, con mucho, a sus antecesores) y de su más que discutible escudero (el infame Txiki Begiristain y toda su panda).
Y en estas circunstancias brota el nombre de Guardiola. De corazón le deseo a Pep lo mejor vital y profesionalmente (y más tras el amargo epílogo de su impecable y fascinante carrera como jugador), pero me parece apresurada (sobre todo, para él) su denominación y me temo muchísimo lo que se le puede venir encima si no logra los resultados esperados. Si el efecto Guardiola no satisface esas expectativas megalómanas del club y de buena parte de la afición, se estará comenzando a cavar la muy prematura tumba de un profesional excelente.
Por tanto, me atrevo a lanzar la opción que considero más razonable, a sabiendas de que ya está todo decidido y antes de que, como decía, el balón eche a rodar en el anecdótico partido de esta noche en el Bernabéu: Que se mantenga a Rikjaard, que Guardiola sea su segundo, que ambos dispongan de una plantilla saneada (sin Ronaldinho, ni Henry, ni Deco, ni Zambrotta, ni Thuram, ni Edmilson, ni Ezquerro, con la única duda razonable de la continuidad de Eto’o) y reforzada desde la cantera y el mercado con dos laterales, un central, un medio centro y dos buenos puntas, que la directiva se relaje y, last but nor least, que el sector más vociferante de la prensa y de la afición deje de hacer sangre de estas pequeñas heridas.
Visca el Barça y suerte, mucha suerte a Rijkaard.

lunes, 5 de mayo de 2008

Real Madrid: Just do it


Campeón tan blanco

El título era cuestión de tiempo pero era más emocionante así: en una noche como ésta,
en un campo muy hostil, con uno menos, remontando, y en los últimos minutos.

miércoles, 30 de abril de 2008

Manchester 1 - Barça 0. Sin gol no hay rock'n'roll


Con Messi no basta. (Foto: EFE)

180 minutos sin marcar un solo gol. Ciento ochenta y ni un gol logrado por un equipo que cuenta con Eto'o, Henry, Messi, Gudjohnsen, Bojan, Deco... No, con Ronaldinho no cuenta, o más bien: Ronaldinho hace tiempo que no cuenta. Y ya se sabe: sin gol no hay rock'n'roll, por lo que pese al esfuerzo de hoy (sobre todo el de Messi, solo contra el mundo) nada hay que oponer a la eliminación del Barça en la Champions.
Dos temporadas sin un pobre título que llevarse a la boca es algo difícil de soportar para este club. Pero aún más dañiñas son las sensaciones que desde hace más de un año producen el equipo, el técnico y los directivos.
A la hora de señalar descartes, el primer nombre que me surge es el de Begiristain, un tipo del que nadie conoce los méritos para estar ahí, y al que se le acumulan los fiascos (el último: proclamar antes del partido de ayer, en uno de sus habituales ejercicios de soberbia, que ya se veía en la final). En cuanto a Rijkaard, me resulta difícil no intentar darle otra oportunidad (una Champions, dos Ligas y dos Supercopas en cinco años es un excelente bagaje), pero es cierto que las decisones confusas y la incapacidad de reacción han definido sus últimos meses de trabajo. En cuanto a la plantilla, abundan los nombres en entredicho: Ronaldinho, Henry (vaya paquete nos coló el gran Wenger), Zambrotta, Deco, Márquez, Thuram, Edmilson... y los que están bajo sospecha: Eto'o, Milito, Abidal.. también los superfluos: Oleguer, Ezquerro, Giovanni.
Se quede quien se quede, el Barça ha sellado esta noche el fin de un ciclo que estará entre los mejores de su trayectoria, el más brillante tras la etapa de Cruyff.
Aunque el final de la obra ha resultado decepcionante, se merece un gran aplauso. Y que, sin bises, se cierre el telón.

jueves, 17 de abril de 2008

Gracias, Geta


George Best? No: Granero, the best

Ánimo, Getafe. Ánimo Laudrup, Granero, Contra, De la Red, Casquero, Litch, Belenguer, Cortés... Lo que habéis hecho no tiene precio, y el fútbol es tacaño, injusto y veleidoso.

P.D.: Enhorabuena, Moro

miércoles, 16 de abril de 2008

Pues me quedo mucho más tranquilo...


El zafio de Hortaleza, y tal

Los periódicos destacan que el seleccionador nacional hará el Camino de Santiago si España gana la Eurocopa, con lo que supongo que los aficionados verán colmadas sus esperanzas y sus expectativas. Yo, desde luego, ya me he quedado mucho más tranquilo.
Que un personaje como Luis Aragonés haga el papelón de su vida en la tele mostrándose moderadamente amable o educado es algo que pudo engañar anoche a los ufanos preguntadores casuales del reino, pero por supuesto no es gesto capaz de ocultar su verdadera calaña.
Este tipo taimado, cobarde y mentiroso, racista y anacrónico ya ha dado miles de muestras de su podredumbre moral y su inconsistencia profesional.
Al show de ayer del Zapatones, se añade hoy la perla de otro cretino: Maurinho (cuya patética imagen como escudero de Van Gaal le perseguirá toda su vida) asegura que ni Benitez, ni Ferguson ni Wenger serán nunca "tan especiales como él". Visto lo visto, pese a la mala racha, doy gracias porque el Barça siga en manos de alguien tan educado y cabal como Frank Rijkaard.

sábado, 12 de abril de 2008

Crueldad intolerable (Getafe On My Mind)


Sueños derrumbados sobre el césped del Coliséum

Luchar contra los elementos


Una expulsión más que rigurosa, una lesión muy desafortunada, un resbalón incomprensible, un despiste innecesario, un gol en el último minuto, una pifia lamentable, dos faltas ignoradas, otro gol en el último suspiro. Las naves de la Armada Invencible del Geta fueron a luchar contra el Bayern de Munich, no contra los elementos... y sin embargo lucharon contra todo, hasta el final, hasta ese último segundo de crueldad intolerable.

Corazón tan azul

Lo de anoche fue una fiesta. Una fiesta estupenda con un final desgraciado. Cuando eso ocurre es imposible no lamentarse, pero todos sabemos que a los pocos días sólo recordaremos lo mejor de esa fiesta.

Lo de anoche fue un regalo. Un regalo carísimo (les costó nada menos que la eliminación), y un regalo impagable. El Getafe nos regaló ilusión, esperanza, fe, emoción, arte, coraje, esfuerzo... Pero también nos recordó lo que el fútbol se parece a la vida.

Lo de anoche fue un ejemplo. Da vergüenza mirar un poco más al norte de Getafe y recordar la miserable temporada blanca. Da bochorno seguir arriba y hacia el este y repasar la penosa trayectoria azulgrana. Hoy todos somos azules, como los gladiadores del Coliséum. Estos pitufos del fútbol son los verdaderos gigantes.

Alma azul

Desde hoy, y para siempre, mi mujer y yo somos socios del Getafe

miércoles, 9 de abril de 2008

Liverpool - Arsenal: ¡Viva el fútbol!


Foto: El País

Definitivamente, pocos asuntos pueden ofrecer tanto como el fútbol. En los noventa minutos del partido de esta noche hubo arte, emoción, lucha, esfuerzo, intriga, espectáculo, tensión, dolor, gloria, angustia, magia, riqueza, velocidad, poder, estrategia, danza, entusiasmo, pasión, entrega y mil cosas más. Lo mejor fue que sucedió en el mejor teatro posible: en el impresionante marco de Anfield, un lugar en el que los aficionados (éstos sí merecen ser llamados así) son capaces de cantar durante más de dos horas para animar a su equipo y de guardar el minuto de silencio más unánime y respetuoso que jamás (no) se ha escuchado en un campo de fútbol. Ganó el Liverpool, situando al borde de lo absurdo la duda que los dueños ignorantes del club mantienen sobre ese enorme técnico que es Rafael Benítez. Ganó Fernando Torres, ese exiliado de oro que ya es un mito viviente en el corazón de la afición de Liverpool, de Inglaterra, de Europa y del mundo. Ganó la Champions, pues una competición crece con encuentros inolvidables como éste. Y perdió el Arsenal, pero no sin dejar constancia de su elegancia exquisita y de sus maravillosos recursos durante más de la mitad del partido. Definitivamente, ganó el fútbol.

lunes, 28 de enero de 2008

Guti, Darín, Djokovic...



Ah, los domingos, días de cine y de fútbol... y también de tenis. Gasto la mañana extasiado con la final del Open de Australia entre el Tsunami Tsonga y el Payaso Djokovic. Nada que objetar a su victoria, excepto esa inyección de odio que despide su mirada y las de sus jaleosos familiares. "Ali" Tsonga llegará lejos, y en cualquier caso no creo que obtener una victoria compense vivir con la rabia profunda que destila el serbio. Por la tarde, XXY, delicado drama, debut de Lucía Puenzo, alejado de los pantanos del morbo, inquietante, impactante, demasiado breve. Magnífico una vez más Darín, implicado en la causa de la denuncia de la cercenación de diferencias (y consecuentemente, de libertades). Por la noche, un partidazo, Real Madrid - Villarreal, la enésima demostración que debería encumbrar a Guti a la categoría que nadie quiere reconocerle: artista, genio, mago, jugador del siglo.

martes, 22 de enero de 2008

Lunes con tarde de domingo



Los intentos de ir al cine este fin de semana resultaron baldíos. Madrid, ciudad de las colas, te quita las ganas de ver cualquier película: media hora de espera ante la taquilla no es lo peor, porque lo peor vienes después y está dentro: salas abarrotadas, ruidosas y llenas de maleducados que, de una u otra manera, te revientan la película. Así que el sábado decidimos hacer cola en otro lugar (y por mucho menor tiempo): el mítico Casa Labra, para deleitarnos otra vez con sus inigualables pinchos de bacalao. Y el domingo nos quedamos en casa con una sesión doble de fútbol en la que comprobamos, de nuevo, la firmeza del Madrid, el canguelo del Atleti y lo justito que anda el Barça (menos mal que ha vuelto Messi).
El cine ha llegado, por fin, hoy. Pero en casa y asegurando: primero el clásico L. A. Confidential, que gana con cada revisión, y en el que no deja de sorprender su impecable reparto.
Después, una deuda pendiente: Good Will Hunting, toda una sorpresa con las mejores interpretaciones que les haya visto jamás a Robin Williams y a Ben Affleck, junto a esa pareja irresistible que componen Matt Damon y Minnie Driver.

jueves, 17 de mayo de 2007

SIEMPRE NOS QUEDARA EL LIVERPOOL



Cuando, hace unos meses, acabó el Mundial 2006 con la decepcionante victoria de Italia, decidí que desde ese instante, dejaría de seguir atendiendo al fútbol. Parecía el momento perfecto para hacerlo: Zidane se retiraba, en El País Santiago Segurola cambiaba la jefatura de la redacción de Deportes por la de Cultura, el Barça llegaba a lo más alto (desde donde sólo podía caer), la selección seguía en manos de un cobarde mentiroso, los palurdos de Antena 3 se hacían con los derechos de retransmisión que dejaba libres LaSexta con el insufrible Andrés Montes y en el único canal digno para este deporte la verborrea de Sarabia resultaba más insoportable que el Míchel de los peores tiempos… todo encajaba.
Sin embargo, la constancia de este propósito no fue mayor que la de cualquier otro al que me enfrento, de modo que pronto encontré argumentos para seguir atento a lo que ocurría: unos, recientes, como Messi, y otros, clásicos, como Iván de la Peña y Guti. Por unos y otros seguí mirando la tele, aunque ya no he vuelto a leer ni a escuchar una sola palabra de las que los bochornosos medios de comunicación dedican a este magnífico asunto.
Afortunadamente, no dejé de ver fútbol, y esta temporada he disfrutado de algunos de los mejores partidos de mi vida.
Hoy, para mí, por justicia y capricho, debía ser la noche del gran Iván de la Peña, posiblemente uno de los mejores futbolistas de la historia (a la altura de Laudrup, Schuster, Guardiola o Baggio) pero sin duda uno de los menos valorados y uno de los más perjudicados por todos los cánceres que han machacado durante la última década a este espectáculo: resultadismo, fanatismo, catetez, sensacionalismo, amarillismo…
Cuando Valverde lo retiró del campo, minutos después de haber hecho lo mismo con el impagable Raúl Tamudo, envió una señal de desaliento a su propio equipo, tal y como hizo Rijkaard el domingo pasado al sustituir a Messi y a Ronaldinho, propiciando el empate definitivo del Betis.
Pero esta noche, al final, fue la de Palop. Un porterazo que por sí mismo justifica la victoria de su equipo y el derecho a tener este título.Y el Sevilla plantó en el campo uno de los gestos más hermosos y emocionantes que hasta ahora jamas había visto sobre el césped: le hizo el pasillo al equipo subcampeón, en un reconocimiento a su increíble epopeya. Grandes futbolistas, grandes deportistas. Un gran equipo. A pesar de que lo presida un personaje como el corrupto Del Nido, a quien espero que las autoridades detengan en cuanto pise esta madrugada tierra española.

jueves, 1 de marzo de 2007

LOS PROLEGOMENOS



Respecto al fútbol, lo que menos me interesa son los prolegómenos.

Todo acontecimiento genera una expectación que se traduce, inevitablemente, en rentabilidad mediática o económica, pasional, política o social. O quizá todos estos adjetivos sólo describan la misma cosa: lo futurible. O lo que es lo mismo: el nerviosismo púber ante la inminente danza, el parkinson del broker frente a la pizarra bursátil, la oración calamitosa del familiar que ya sabe la fatalidad del enfermo.

Pero yo iba a hablar de fútbol. Del fútbol.

Dentro de diez días, por fin, se jugará, si el cambio climático lo permite, el esperado Barça-Madrid de todos los años. Desde hace tiempo se piensa y articula sobre la sospechosa abundancia y dudosa calidad de los infinitos partidos del siglo. Este año no está siendo distinto. Llevamos enfrentándonos a tan magno acontecimiento desde hace meses. Los días previos no se hablará de otra cosa. Seremos informados de cada gesto y cada silencio, de cada palabra y de cada reflejo que de una manera directa o indirectísima, real o inventadísima, ataña al clásico. Llegará el día, en su vociferada cuenta atrás, se jugará el partido, se dará el resultado que se dé y así, inmediata, eléctrica o tal vez ya electrónicamente, cesará el asunto. Habrá unos cuantos ecos: periodistas barrigones desgañitándose por lo obvio, las portadas del día siguiente, dos resúmenes mal hechos que atenderán a cualquier cosa menos al maravilloso juego del balompié. Tras la saturación de los prolegómenos, quedará muy poco del después. Apenas los chascarrillos de Montes & Cía en las tribunas desiertas. Dos columnillas polémicas en los periódicos. Crónicas cada vez menos precisas por más urgentes. Y todas las consecuencias se irán apagando, como la noche se apaga obligada por el fulgor de las farolas. Es de día, pero me indican, multitudinaria, mundialmente, que debo irme. No es cosa vana. De inmediato al acontecimiento ya brotan los impacientes rumores del siguiente prolegómeno.