lunes, 18 de junio de 2007

NOCHE EN BLANCO



Blanco el vodka transparente
blanca la verde simiente
blanco el orgullo asustado
blanca que anda a mi lado

Blanco el color bajo el texto
blanco el olor que detesto
blanca la nueva semilla
blanca y virgen, y sencilla

Blanco porque no me adelgazan
blancas fronteras de Gaza
blancos del mundo los niños
blanca la paz del cariño

Blanco porque rechaza o reúne
blanca la voz, blanco el perfume
blanco como al tiro el blanco
blanca la piel del barranco

Blanco es como decir
blanco es como mentir
blanca fue ya la esperanza
blanca es la eterna sustancia

Blanco es el hombre del miedo
blanca la fe de mis ciegos
blanco me veo como el roble
blanco fui, ya no sé dónde

domingo, 17 de junio de 2007

PROVISIONAL ETERNO



Entre un estornudo y un trozo de papel
lanzado errante
a la papelera cotidiana

Entre una palabra y un pedazo de piel
que cambia de forma y color
en tu infatigable frente

Entre una canción olvidada
y una cuota revisada
en la SGAE de tus sueños

Sigue viviendo al margen
de las orillas impuestas
le pese a quien le pese

Sigue temiendo atender
cualquier llamada doméstica
te oiga quien te oiga

sábado, 9 de junio de 2007

LA FICCION DE UNA VIDA INTERESANTE

Juro que lo intento
A veces funciona
como un motor antiguo
y transparente.
Sudo y sobre todo
sudo y sudo
sobre mí.
Las horas pierden
valor o rumbo.
Los segundos, en cambio,
parecen tan importantes.
Las arenas movedizas
me distraen
mientras duermo
y me pregunto
me pregunto

martes, 5 de junio de 2007

CON CLUSIONES, PRO VISIONES



A veces, ajustas cuentas con el pasado. Te enfrentas a un armario que sólo guarda recuerdos. Y caen revistas, teléfonos, fotografías, agendas, postales. Sin piedad ni melancolía. Los arrojas a la basura, dispuesto a quemar tres lustros y a esparcir sus cenizas por cualquier calle. Pero, de repente, entre tus dedos se agita un papel pequeño y troquelado, que lleva escrita la fecha en la que te dejaste caer, tú, entonces, en las redes de...

domingo, 3 de junio de 2007

LA VIDA CONTAMINADA


Foto: Paloma García


Tarde de limpieza y de olvido. Durante más de cuatro horas tiramos recibos, papeles de bancos, entradas de mil conciertos, flyers, christmas, billetes de metro, tren y avión, recuerdos de diez ciudades, recortes de prensa, listas de éxitos, pruebas de imprenta, hojas de promoción, maquetas, disquettes, fotografías, cajas, revistas, postales, agendas, discos, carpetas, regalos, plastilinas, invitaciones, teléfonos y números de teléfonos, recuerdos y más recuerdos. Y más y más recuerdos. Y muy poca cosa memorable. De repente veo una cifra en pesetas, de finales del siglo pasado, y entiendo cómo la vida se va contaminando de asuntos tan ajenos como el cambio de moneda oficial. Esta operación-papelera no servirá para eludir todo lo que me fue contaminando. Pero, de alguna manera, me siento ahora un poco más limpio: un poco más yo hoy al deshacerme de lo que he ido siendo.

miércoles, 30 de mayo de 2007

EL INCENDIO CERISE


Foto: Paloma García


un espacio desconocido arde
entre labios que se ignoran


antonio agredano: el incendio cerise (plurabelle, 2007)

LA PISCINA (I)


Foto: Paloma García


Como cada noche, el insomnio sustituyó el sueño por el hambre, y aproveché la visita a la cocina para anotar algunas palabras en mi agenda:


la piscina

voy a salvarme

agosto

Antes, en la cama, había dejado de leer el libro que había empezado unas horas atrás. Pensaba en la cita que tendría esa misma tarde con el dermatólogo, quien debía confirmarme que esas manchas que cada día iban invadiendo más y más mi cuerpo se debían a una pitiriasis inocua de pronta involución. Ése había sido el diagnótico del especialista al que visité dos semanas atrás, quien ya me advirtió que tras las primeras ronchas detectadas vendrían otras muchas nuevas que se extenderían por el tronco y las extremidades, y que no debía preocuparme. Poco después confirmé en la Guía Medicina y Salud que este tipo de virus no era contagioso, ni tenía tratamiento específico y que solía durar unas seis semanas. Sin embargo, aguardaba con angustia la visita al nuevo doctor, pues sospechaba que el primero se había equivocado, y que todas estas erupciones eran signos de alguna enfermedad mucho peor. Me incorporé en la cama y vi la sombra de mi espalda en la pared: la hiperlordosis dibujaba una curva cada vez menos disimulable.

La semana anterior había iniciado unas sesiones de shiatsu que sin duda abandonaría en breve, como he hecho con cada uno de los tratamientos previos, como sucede con cualquier cosa que comienzo. Cerré los ojos, suspiré, y busqué sin esperanza una respuesta mágica a la desconcertante pregunta que es mi vida. Entonces, inesperadamente, apareció la piscina de la casa de campo a la que me retiro cada verano durante el mes de agosto; y al momento, como conectada de una manera inequívoca con esa imagen, surgió la convicción irrefutable de que iba a salvarme. Sentí el impulso de acercarme a la habitación de mi madre para despertarla y decirle: “Ya puedes estar tranquila: voy a salvarme, madre. Ya puedes descansar”. Pensé en telefonear a mi mujer, que a esas horas estaría volviendo de trabajar en una ciudad lejana, y proponerle que dejase su empleo nocturno y viniese a reunirse conmigo. Me acordé de mi hermana, y de mi mejor amigo, y también quise llamarlos y decirles que había encontrado la solución a los problemas que atormentaban sus vidas. Quería convencer a todos mis seres queridos de que había llegado el momento de olvidar las preocupaciones, porque estaba convencido de que yo iba a salvarme y, conmigo, se salvarían todos ellos. Quería hacer esto con todas mis fuerzas, pero no lo hice porque no tenía ni un sólo argumento que ofrecer para que creyeran en mis palabras.