lunes, 13 de octubre de 2008

Autopía. Eutopía. Episodio Cuatro: Una felicidad libre de euforia

Con una lucidez extraordinaria, el poeta Juan Antonio González Iglesias nos enseñó que existe una felicidad libre de euforia.

Pero a veces la euforia es ajena a la felicidad. Esta ciudad admite chaparrones de agua, de sol y de fiesta, y el hombre del tiempo confunde isobaras, borrascas y anticiclones.

La mejor sensación en estos días tan ficticios y esperanzadores como los cuentos de la lechera es que, al final, lo menos capital es lo de la capitalidad. Tenemos canciones, colores, globos, confetis, efímeras pompas de jabón. Qué más queremos. Qué más podríamos pedir. Los artistas se enternecen sobre nuestras ruinas. Los aplausos rebotan en los balcones, las campanas de las iglesias se vuelven irreverentes.

En un día laborable de septiembre, quien viva o visite esta ciudad confusa puede alternar las cañitas con el circo y las tapas con el Cercas.

Y si llueve nos da igual. Ya lo dijo Kiko Veneno: "Estaba lloviendo y yo me mojé, una vez que llueve, ¿me voy a esconder?". De pronto nos acordamos de algo esencial: la vida está en las azoteas. Pero antes, en la Filmoteca, podemos soñar que el ascensor se detiene entre el séptimo piso y el séptimo cielo, gracias al delirio de Spike Jonze, al veneno de John Malkovich, a los pasos de baile de Christopher Walken. No muy lejos, en la pretenciosa Avenida de la Libertad, comprobaremos que las repúblicas independientes no siempre se compran en Ikea. Solimán y compañía nos proponen una deconstrucción emocional de los vehículos, una mecánica ilustrada, una revolución tuneada rebosante de arrojo estético.

También es inevitable asumir que existe una infelicidad plena de euforia. Una ceguera sin elogios. Una entrega sin justificaciones. Nos movemos por inercia. Pero, al fin y al cabo, nos movemos. Y para moverse hay que renunciar a esa siesta secular que ya parecía eterna. Hace veinte años no nos gustaban los lunes. Pero un lunes como éste nos regala una nueva oportunidad. Otra utopía.

domingo, 12 de octubre de 2008

Autopía. Eutopía: Crónica de Facto Delafé y Las Flores Azules



El amor está en el aire


Facto Delafé y Las Flores Azules y La Excepción.
Lugar: Plaza de la Corredera.
Día: Sábado, 20 de septiembre. Acceso gratuito

Los caminos de la emoción son inescrutables. Pero parece que tanto Facto Delafé y Las Flores Azules como La Excepción disponen de personalísimos y eficaces GPS que siempre sugieren rumbos certeros y ofrecen paisajes emocionantes.

La tercera edición de Eutopía sigue adelante, y su combustible incluye una energía estimulante: la que se destila al comprobar que esta ciudad es capaz de demostrar suficiente curiosidad, flemática pasión y renovado interés por la oferta cultural y de refrendarlo en cada convocatoria.

La Plaza de la Corredera acogió el sábado una fascinante demostración de contraste y versatilidad. Afortunadamente, el rap es un recurso que trasciende y supera los esquemas del hip hop, y su fondo de armario no se limita a los chándals.

Facto Delafé se sirve de una estrategia amable, elegante y descaradamente romántica, y sabe dar pases de gol mirando a otro lado, como el inolvidable Michael Laudrup. La Excepción sudan, gritan, tal vez meten más goles. Pero son otra cosa. El sábado jugaron dos equipos antagónicos en el escenario. Y también se movió el banquillo: el público se renovó fluidamente entre ambas actuaciones y quienes llegaron de tomar cañas y con bolsas de botellón ocuparon el espacio de los que se fueron a cenar. Algunas veces, estas cosas siguen una curiosa lógica.

La Excepción es un grupo entrañable, noble, muy cercano, pero no consigue espantar cierta sensación de mimetismo cansino, ni superar la empachosa importación de actitudes, modos, modas y maneras. Curiosamente, los mucho más delicados Facto Delafé pueden sabotear las apariencias y llegar a resultar mucho más peligrosos: Porque hablar de amor en el siglo XXI es más arriesgado, revolucionario y subversivo que esa aburrida y frecuente poesía de pupitre que pretende ser antisistema y declararse políticamente incorrecta. Escribir una canción positiva es mucho más difícil que seguir quejándose. Para la ternura nunca hay paciencia. Por eso es reconfortante constatar que junto al rencor y la frustración, algunos días nos traen canciones bonitas, buenas sensaciones, ganas de pasarlo bien.

Por ejemplo, que Facto Delafé señale a Los Planetas como una referencia es algo sorprendente, decididamente refrescante. Que disfruten de una canción como Un buen día da muchas pistas sobre sus intenciones. En su estudio hay un póster del Aladdin Sane de David Bowie. No es poca cosa.

Tal vez no queremos darnos cuenta de que el gas puede ser natural. Y quizá la apuesta de este grupo genera demasiadas suspicacias que se nutren de prejuicios: sin embargo es frecuente comprobar cómo quedan en evidencia si sacudimos los argumentos que se arrojan contra ellos. Porque lo cierto es que Marc Barrachina exhibe un aluvión de exquisitas referencias rítmicas y de arreglos intachables. Y que Óscar D'Aniello es un animal de escenario infatigable, vocero y boxeador, que salpica sudor y entusiasmo. Y que Helena Miquel, no es un secreto, tiene una voz única, una sonrisa bellísima y además canta mejor que nadie. A esta táctica, pletórica de belleza y eficacia, se suman en el directo la habilidad de un técnico de sonido inteligente, eficaz y directo, y una fascinante y ecléctica propuesta audiovisual.

Canciones como Mar, el poder del mar, La fuerza, o Enero en la playa representan un impulso inesperado en la oferta pop de este país. De repente, sientes que alguien te regala un abrazo. Que son generosos y valientes. Y que, aunque no lo parezca, van contra corriente. Surtidos de vitaminas buenas, son un estupendo recurso para jugar a estar vivo. Frente al mercado de vacas en formol, nos proponen un globo, dos globos, tres globos. Nos invitan a cerrar los ojos o a mirar la señora luna.

Si somos objetivos, concederemos que las lecciones de coros y danzas que nos dieron Facto Delafé y Las Flores Azules nos sitúan en la delicada frontera que separa al decoro del rubor. Pero quién quiere ser objetivo. El que se atreve a saltar esa línea imaginaria puede volver a subirse a un columpio, a deslizarse por un tobogán infinito. La infancia es un estado de ánimo. Los grandes magos nunca desvelan sus trucos. La ilusión se alimenta de secretos. La felicidad puede ser contagiosa. Y hay noches en las que una canción es suficiente para sentir que el amor ya está en el aire.

sábado, 11 de octubre de 2008

Autopía. Eutopía. Episodio tres: Facto es la excepción

Conozco pocos casos que provoquen respuestas tan viscerales como Facto Delafé y Las Flores Azules. Algunos los odian. Otros los amamos. Algunos los menosprecian. Otros aplaudimos su ausencia de prejuicios, su empacho romántico, sus invencibles ganas de vivir.

A mi edad, y a mis kilos, salto y lloro en sus conciertos, pero conozco a gente de intachable criterio que no los traga ni pa’ Dios. Será que en nuestros días lo provocador es amar. Tal vez mi fascinación brota del impacto que me produjo reconocer que se podía partir del hip hop (uno de los géneros musicales que menos me interesa) para obtener resultados indiscutiblemente pop. De pop brillante. De pop gigante. Pero es no sólo del rap vive Facto. Marc Barrachina dispone de un arsenal de referencias y recursos (desde un sampler de The Flaming Lips a esas líneas de piano que hermanan a Burt Bacharach con Erik Satie), y los desliza con elegancia y puntería entre los parlamentos domésticos de Óscar D'Aniello. Además, está Helena, Helena Miquel, un rayo de luz. Y con Helena todo es más fácil, con ella todo es mejor. El barrio es más hermoso desde que apareció. Helena derrocha encanto, dulzura, caricias y aromas, tiene el don de iluminar la atmósfera y hacer latir el corazón cada vez que canta, cada vez que habla, cada vez que baila, cada vez que sonríe… La vida sobre ruedas, al fin. La vida en bicicleta.

Cuando escuché su primer álbum, sólo aprecié tres o cuatro buenas canciones. Se lo comenté a Juan Clemente (el hombre que más sabe de música del mundo), y él me dijo: “¿Te parece poco?”. Una respuesta ejemplar, magistral, demoledora. Con el segundo disco la excelencia supera la media docena. Un menú exquisito perfectamente integrado en el arrebatador planteamiento de sus directos. Si alguien duda de disfrutar de este regalo (el concierto es gratis, pero en absoluto gratuito) puede decidirse viendo sus videos, disponibles en Youtube.

No es fácil conseguir que el buen rollo recupere su sentido, tan prostituido, tan devaluado. Facto Delafé lo logran sin despeinarse, pedaleando. Esto no se para.

viernes, 10 de octubre de 2008

Autopía. Eutopía. Episodio Dos: Escenarios sin fronteras

David Bowie, Lila Downs, Chano Domínguez, Buena Vista Social Club, Lou Reed y, por supuesto, mamá Martirio, son algunos de los amigos que aparecen en la página de MySpace de Son de la Frontera. Si nos definimos por nuestras amistades, no cabe duda de que esta gente disfruta de las mejores compañías. Se puede ser serio transmitiendo alegría. Se puede ser honesto sin renunciar a ser valiente. Y ellos lo son. También se puede ser mártir siendo simpático. Y se puede ser Chico cuando se es tan grande.

Eutopía nos regala una de las propuestas más emocionantes dentro del panorama del nuevo flamenco. Afortunadamente, aquí hay muy poco flamenco fresquito y mucha pasión, dulce rigor y un buen puñao de arte. Hace unos meses escuché a Kiko Veneno preguntándose si él tendría algo de culpa en la eclosión de Melendis y similares, pero estoy convencido de que el maestro no se avergüenza de discípulos como Chico Ocaña.

Antes, en varios puntos emblemáticos de la ciudad, el teatro abre sus ventanas para que entre el aire fresco y recupera una de sus funciones esenciales: estar cerca de los ciudadanos, resultar directo, ser popular. La eficacia de lo simple, en el mejor sentido de la palabra. La Caja del Agua y Eduardo Chivite rescatan la esencia y actualizan la tradición para regalarnos quince piezas que abordan temas tan universales y cercanos como el amor, la muerte, el sexo o la política. Un reto para los autores, y una bendita prueba de fuego para los directores, escenógrafos, actores y actrices.

Esta noche los escenarios parecen dispuestos a traspasar fronteras y a poner dinamita en las aduanas de la cultura. Que así sea.

jueves, 9 de octubre de 2008

Autopía y Eutopía: Episodio Uno: Calamaro



A partir de hoy iré copiando las columnas que escribí para el Diario Córdoba a propósito de este Festival de la Creación Joven. A veces, la actualidad no es tan rabiosa como la pintan... Let me start with... Calamaro...

Marinero y capitán

Lo que menos me gustaba de Calamaro era su incapacidad de autocrítica. Alguien que dinamita la paz discográfica sacando en dos años consecutivos un álbum doble (Honestidad brutal, 1999: 37 canciones) seguido de uno quíntuple (El salmón, 2000: 103 temas) tiene que caer necesariamente bien, pero un gesto como éste no significa sólo rebeldía, también denota autocomplacencia. Una tendencia también perceptible en su afán por editar los dos volúmenes de Grabaciones encontradas (tal vez pensó: “mirá, esto que se me ocurrió hace diez años, como se me ocurrió a mí, seguro que merecerá la pena”). La obra de Andrés Calamaro está llena de ejemplos de su enorme capacidad artística, pero delata que se gusta demasiado. Y eso, precisamente, era lo peor de él. Ahora me fastidian más sus poses en las entrevistas, los morritos que pone al hablar y al cantar, el regodeo que nace de la convicción inalterable de ser un genio (al que hay que aplaudir cualquier ocurrencia, por vana que sea).

Siempre he defendido que, al margen o gracias a sus excesos (pero sobre todo por su demostrada lucidez), en cualquier entrevista a Calamaro se encontraba algo interesante que rascar (recuerdo con especial agrado la que publicaron en la edición argentina de “Los Inrockuptibles” el año pasado, con ocasión de la edición de su último disco, La lengua popular; quizá fue la última muestra de su talento —la entrevista, más que el disco). Sin embargo, cuando lo vi hace unos meses en los programas de Quintero y Eva Hache, no tuve más remedio que preocuparme. Tanto mesarse los cabellos, tantos tics, tanta frase suspendida… demasiados gestos que no auguraban nada bueno. Hoy tendremos la oportunidad de comprobar si el barco de Calamaro apunta hacia la deriva o continúa con buen rumbo.

Personalmente, siempre me gustó más cuando era marinero que cuando se supo capitán.

CODA: Acudan a tiempo para disfrutar de Josele Santiago. En mares tan estimulantes como el de esta noche lo mejor suele salir de la voz de un gran pirata.

THE REAL POSTDATA: Calamaro derramó un gran, enorme, inolvidable concierto. El final de trayecto nos hizo jurar que es grande.

Y esta noche, en el Galileo, el gran y denostado Kevin Johansen

Lois, Lois, Lois


Con toda la que está cayendo y con el daño que se le está haciendo a mi ya estrujada economía, la noticia que más me ha afectado en estos días de la crisis es el cierre de Lois, esos vaqueros. Adscrito a los Lee, los Wranglers y hasta a los Old Chap, y maternalmente enfrentado al libertinaje spótico de los Grins ("No soporto señora que me diga lo que debo hacer..." cantaba su anuncio), los Lois ciñeron los desarrollos de mis vecinas y despertaron los más sublimes sueños eróticos del niño bobo que fui. El Lois ha muerto. Viva el Lois.

miércoles, 8 de octubre de 2008